sábado, 11 de diciembre de 2010



La mañana del domingo está fresquita, no obstante invita a perderse por el centro de la ciudad. Más que ir de compras, que también, nos perdemos paseando por los recobecos de las céntricas calles con más solera, y al llegar la hora del aperitivo escogemos ese lugar que perenne se mantiene a través de los años. Un rato muy agradable entre gentes y viandas típicas de nuestra tierra.

Foto
la taberna el pepico el tio gines en Murcia


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miércoles, 24 de noviembre de 2010

CUERPO OPACO



CUERPO OPACO

Extraño tiempo este; todo está demasiado raro, y cuando percibo y reconozco lo cotidiano, lo ya vivido, mi cuerpo se estremece con demasiada facilidad. La melancolía penetra por mi piel e inunda mi alma; entonces me encuentro atrapada, a su merced y desvalida.

Para que no me venza, me la arranco a tirones; y a gritos saco la mayor rabia y el peor carácter. Así es como me desprendo de esas sensaciones que me arrebatan mi energía.

¿Y ahora qué?.

Me quedo sin luz, transformándome en un cuerpo opaco, que se mueve por impulsos programados, previamente establecidos según las condiciones que nos imponen.
¡Tampoco eso es lo que quiero!

¡Temo quedarme muerta antes de estarlo!
Porque, ¿ qué es la ausencia del sentimiento y la pasión, sino la muerte?



martes, 23 de noviembre de 2010

Dolor

un poema de ALFONSINA STORNI

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla
lejana del mar;
que la arena de oro, y
las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muerta
sy las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;

ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.










lunes, 22 de noviembre de 2010





Poema

La Niña De Guatemala de José Martí

Quiero, a la sombra de un ala,

contar este cuento en flor:

la niña de Guatemala,

la que se murió de amor.

Eran de lirios los

ramos, y las orlas de reseda y de jazmín: la enterramos

en una caja de seda.

…Ella dio al desmemoriado una almohadilla de olor: él

volvió, volvió casado:

ella se murió de amor.


Iban cargándola en andas obispos y embajadores: detrás iba el pueblo en

tandas, todo cargado de flores.

…Ella, por volverlo a ver, salió a verlo al

mirador: él volvió con su mujer: ella se murió de amor.

Como de bronce candente al beso de despedida era su frente, ¡la frente que

más he amado en mi vida!

…Se entró de tarde en el río, la sacó

muerta el doctor: dicen que murió de frío: yo sé que murió de

amor.

Allí, en la bóveda helada, la pusieron en dos bancos: besé su mano afilada, besé sus zapatos blancos.






Callado, al oscurecer, me llamó el enterrador:

¡nunca más he vuelto a ver a la que murió de amor!

viernes, 19 de noviembre de 2010

UN POEMA DE GINES JIMENEZ SANCHEZ





La niña de Guatemala, obispos, embajadores, yo y uno que fue al entierro
Si no ocurrió en París, bien poco importa.Aunque pudo ocurrir, allí o en Lima.
Pero las cosas tristes siempre ocurren
donde mascan los pobres su fatiga.
Fue una tarde, por Dios, lluviosa tarde
en el que el otoño bajaba a las campiñas.
Sobre las anchas llanuras de mi tierra
no caen sino la lluvia y la desdicha.
El campo estaba mustio en su noviembre,
como mi corazón, medio hecho trizas.
Menos mal que el alma se consuela
pensando que son cosas de la vida.
Me extraña, sin embargo, que sea injusta
de esa manera tan cruel e inmerecida:
a unos tanta pena en el camino y a otros tanta risa y alegría.¿Qué consuelo queda en nuestro pecho si al perder la ilusión nace esa herida que no la curan versos ni esperanzas,sino que se va rompiendo i
gual que un cisma?Porque tú, María Granados, dejaste abiertomi corazón como un pozo de avaricia.
Detrás de tu disfraz iba la muerteandando tras los pasos de un suicida.
De amores y quimeras está llenala casa del dolor, y andan dormidas
por la alcobas tristes de mis sueños
las dulces soledades de otras niñas.
De penas se alimentan los poetasy así suena de pronto aquella liraque rasga mi corazón cuando en la nochese apaciguan mis afanes y doctrinas.
Recuerdo bien la sala y los jardinesdonde yo te conocí. Tú eras la misma
criatura de mis años juveniles,
cuando empecé a sufrir por e
sta isla.
Dos patrias tuve yo: Cuba y la noche. Ahora diría que tres. Y tú, María.
Porque en tus ojos limpios vi el misterio
que me enseñó a luchar contra la insidia.
Si te hubiera conocido en ese tiempo,tal vez tu hermoso nombre existiría,no en la lóbrega historia de los libros,
sino en la del corazón, clara y sencilla.Porque yo también, María, amé tu frente
con la pasión más
pura y más legítima.





Desde la misma tarde en que te vio
mi pecho
respiró una herida antigua.
Veinte años tenías, yo veinticuatro.Tú llevabas el sol y a mí querían
las sombras r
odearme para siempre,
buscando loco rey que las presida.
Sola en tu caja tú, con tu silencio y mi pesar como única compañía.Las gentes mientras tanto deseando
besar de lo
s prelados las sortijas.
Qué triste carnaval el de este mundo:la verdad, la honradez ¿no son mentira
o tan solo palabras que el tirano
para calmar al siervo untó en saliva?
Besando anillos, cruces y otros fierros los pobres se confortan. Arduo enigma
de resolver, cuando está visto que a ellos nunca hay dios que los bendiga.
Sólo los niños acaso entienden algo
de esta mísera farsa, y en la misa
prefieren tocar, más que otra cosa,
de los purpúreos padres la ancha mitra.Rezos, honores.
Qué loca mascaradala del humano vivo.
Se maravilla ante la muerte ajena. Párecía el nuncio
que te iba a preservar de ser ceniza.
De qué servían allí órdenes, méritos,
ni las bandas doradas, ni las cintas
cruzadas sobre el pecho. Frías medallas con que la fatuidad decoró la vida estúpida.
Ni el ilustre embajador de Petersburgo,
ni el señorial ministro de Florida,
tuvieron más misión ante tu cuerpoque hincarse temblorosos de rodillas.
Se quitaron las mitras los obispos,
los cónsules quedáronse en camisa,
y portaron tu féretro a los hombros
con cuatro
generales que gemían.


Lloré tu muerte azul, tu adiós callado,
mi soledad sin fin, tu alma dormida.
Desde aquel mismo instante sólo fui
el cónsul general de tu agonía.
Me despedí de ti con un suspiro,
con un llanto mortal. A cuántas niñas la pena de mis ojos fue regando
hasta florecer un rosal en sus pupilas.
Porque se fue una diosa inmaculada,
una princesa dulce y sensitiva,
que nunca quiso ofrenda más que el sol,
sólo del corazón la fruta rica.
Colgarte al cuello esclavos mis amores
quisiera, y un rumor de golondrinas,
de esas que no vuelven a los sitios
donde sintió el corazón tanta desdicha.
No me olvides aún. Toma esta rosa
de abril. La pena es alegría
cuando con orgullo el hombre bebe
el cáliz de su muerte y la hace digna.
Qué importa caer joven. Mira el árbol
hermoso del futuro: nació de una semilla
de sangre apasionada, que fue entrega
del hombre que tú soñaste un día.
Yo guardaré pena siempre en mi memoria
la eterna claridad de tu sonrisa.
Y el beso agradecido que mi boca
no supo ayer dejar en tus mejillas.
Si el tiempo nos robó el amor, los sueños,
nos dio a cambio la estrella que ilumina.
De aquel río sólo queda el agua amarga
y tu nombre y mi alma por las viñas.


Ginés Jiménez Sánchez

domingo, 24 de octubre de 2010

De "No digas que fue un sueño"


De "No digas que fue un sueño" Autor: Terenci Moix


En esta novela, que leí hace algunos años, la figura de Cleopatra es tratada de forma muy diferente a como lo hacen muchos textos históricos y algunas películas muy conocidas. Ella no era una casquivana descontrolada, era una mujer culta, a la que le gustaba discutir con los filósofos de su época, que pasaba muchas horas estudiando en la Gran Biblioteca, interesada en la astrología, materia tan importante en aquel entonces. También era una mujer apasionada en sus relaciones, lo que la llevó a lo mismo que le pasa a mucha gente inteligente, a convertirse en una piltrafa cuando deja que un amor sea el centro de su vida. De todas formas, el libro trata varias historias de amor paralelas, además de la de Cleopatra y Marco Antonio, aunque el desamor es su eje común.

Como dice Cavafis, pues de él es la frase que da título al libro y a esta opinión: No digas que fue un sueño. Los sueños hay veces que se cumplen, sean los que tenemos dormidos o los que soñamos despiertos. Y, por lo menos para mí el día que me quede sin ilusiones, sin sueños, ya no me compensará vivir.

Amor y desamor caminan unidos, al igual que vida y muerte forman un todo y un nada al mismo tiempo, pero lo que está claro es que quien no haya querido, no habrá sufrido, pero tampoco habrá tenido la sensación más imponente y gratificante que pueda sentir un ser humano. Y es que hay personas a las que en su mar interior no se producen maremotos, sino una simple marejadilla.

No te engañes, no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como preparado desde tiempo atrás, con valor, como corresponde a quien fue digno, acércate con paso firme a la ventana, y escucha con emoción, no con lamentos, ni ruegos de débiles, si no como último placer.

Amor y desamor caminan unidos, al igual que vida y muerte forman un todo y un nada al mismo tiempo,

te espero en esta penumbra azul.

te espero en esta penumbra azul.
la vuelta de la noche.